Hilda (Andy Coyle)

  • Valoración de la serie

Hilda, del comic a la pequeña pantalla.

El aclamado comic infantil de Luke Pearson llegó porfín a las pantallas. Muchos llevábamos tiempo esperando el estreno de Hilda, después de haber leído alguno de sus libros sabíamos que era una apuesta con gran potencial. Y, como no, Netflix se encargó de convertirla en serie de animación. Quizás las altas espectativas jueguen una mala pasada en el caso de esta niña aventurera. Un mundo mágico que engancha y que funciona de manera escepcional en formato papel, genera grandes esperanzas que finalmente no consigue satisfacer como serie animada.

Estamos ante una animación muy cuidada, una estética maravillosa y unos colores muy bien escogidos que amplían la belleza del universo “Hilda”. Pero esto no es suficiente para sostener el conjunto de la pieza que flojea en la estructura de las historias, con una duración que se les queda grande (capítulos de 20 minutos) y una escasez de profundidad en los personajes, algo que echará de menos el público adulto.

 

Lo mejor: El mundo fantásticos de Hilda está lleno de seres de todo tipo, llenos de carisma e imaginación. Brillan los personajes secundarios, incluso los extras que aparecen en un solo capítulo.

Lo peor:  La duración de los capítulos se hace muy larga para las tramas, las cuales no dejan de ser simplistas y poco originales.

Entretenimiento e imaginación.

Al margen de todas las malas críticas que pueda lanzar contra “Hilda”, estamos ante una serie muy entretenida y que se ve con gran facilidad. Con unos personajes muy elaborados e ingeniosos son capaces de mantenerte atento a la pantalla, no tanto por la búsqueda de alguna epifanía moral sino por una ensimismación ante su fantasía. Son los niños y niñas los que van a disfrutar con mayor intensidad de la serie,  e indudablemente  conseguirán entrar en el mundo fantástico que nos propone.  Sigue siendo una pena que los padres y madres no vayan a sacar un hueco para sentarse a disfrutar con ellos/as  más allá de la mera compañía.

 

Nunca es demasiado tarde para tener una infancia feliz (Tom Robbins)

 

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