Frenetismo audiovisual

Películas cortas por favor.

Como no hay suficiente tiempo para verlo todo, vemos un poquito de cada cosa y al final no vemos nada.

Un día me llega un mensaje de una amiga diciendo que viese un vídeo que había colgado en facebook. Entro y leo: “El film más corto del mundo, apenas minuto y medio…” Lo veo, me gusta y, como apasionado del medio, googleo al autor para ver si tiene alguna cosilla más que me interese. Su única pieza era este cortometraje, “El pez y yo”, pero algo no me cuadraba; duraba 6 minutos!

Vuelvo a ver el corto, esta vez con su duración real. Se habían cargado toda la introducción: la presentación del personaje y el espacio, algunos cachos del medio y del final. Habían dejado únicamente la acción desencadenante y la chicha de la historia. El mensaje global de la pieza se entendía perfectamente viendo la versión corta, salvo algún detalle que no era tan claro. Pero aun así me enfurecí. Cómo podía alguien modificar la obra de un autor de esa manera?

El enfado se me pasó pronto pero perduró la reflexión. La fluidez en el montaje de una pieza ya no va a depender de las exigencias de la narración, se convertirá en algo obligatorio, al margen de toda intencionalidad. Grandes autores como Ozu o Jodorowsky dejarán de tener sentido para las nuevas generaciones. Esto me entristeció. Entonces pensé en las etapas de la vida individual, y dejé de generalizar.

La nueva generación de lo inmediato.

El exigido frenetismo de esta época va de la mano de la cantidad de información a la que estamos sometidos, y esto ejerce influencia a su manera en cada uno de nosotros. No se puede prever el interés cinematográfico, pero sí enseñar que hay más mundo lejos de las películas de Marvel y los videos del Rubius. Tenemos que aprender que el ritmo acelerado es una herramienta más, recordemos la escena de la escalera en “El Acorazado Potemkin”, y no una exigencia comercial; también a dejar aflorar la paciencia a través de la contemplación y la reflexión, en películas como “Cuentos de Tokio” o “El árbol de la vida”; y tampoco demonizar el valor de lo frenético observando un uso astuto en películas como “Corre Lola corre” o “Mad max”.

Debemos ser conscientes que al tener la libertad de dar saltos temporales a nuestro antojo a golpe de clic, también tenemos la responsabilidad de gestionar que es lo que realmente merece la pena pasar por alto.

Os dejo el cortometraje completo del que os hablé al principio.

 

 

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